Dio un repaso a su catálogo de pop chatarrero con enormes dosis de talento. Grandes canciones de amor y desamor que le dan a la vuelta al tecno-pop de los ochenta para convertirlo en un dechado de desparpajo, espontaneidad y urgencia. Una actuación divertidisima, donde no paramos de cantar y bailar, y de reír con la maquinita de samplers que llevaba, y que no paraba de lanzar proclamas del festival.
Y después me acerque a ver a Yo La Tengo, uno de los principales baluartes del pop independiente norteamericano y uno de los grupos con una trayectoria más inquieta e inmaculada, que han venido a actuar, por tercera vez al Primavera Sound, cuando se cumplen 25 años de su nacimiento como banda, y para seguir ampliando su leyenda como iconos del pop alternativo.
Y de allí me fui a ver a uno de los artistas que mas me apetecía ver del cartel del festival, Andrew Bird, el músico de Chicago que se dio a conocer a mediados de los noventa con una excéntrica y personalísima revisión de la música de raíz americana. Con el paso del tiempo ha llegado a ser uno de los más respetados artesanos del pop actual.
Es un violinista excelso y ha convertido el silbido en nuevo recurso expresivo, y se ha especializado en anudar folk y pop de cámara. Fue impresionante ver como tocaba las guitarras, el violín, silbando y sampleandose a sí mismo y cantando canciones preciosas y delicadas.