Se nota que vuelven a sentirse como hace 20 años y atacan sus nuevas canciones con fiereza y desparpajo adolescente, y eso es de destacar con los años que ya llevan a sus espaldas. Sin necesidad de hacer un greatest hits, aunque colando varios temas imprescindibles, Sonic Youth volvieron a revelarse como una banda con futuro. Son bestiales y su directo estuvo a un nivel altísimo, como en sus buenos tiempos.
Después me acerqué un momento a ver a Simian Mobile Disco, que son James Ford y James Anthony Shaw. Este dúo de Djs y productores de música electrónica se dedican tanto a su propia producción como a otros grupos como los Klaxons o Artic Monkeys. Ritmo en estado puro con sintetizadores, bases y loops que construyen y destruyen un entramado de formas sonoras de difícil calificación.
Fueron el FIB y los Chemical Brothers los que crearon la tradición dentro del universo festivalero de programar un grupo techno a última hora del día grande y reventar el festival. 2 Many Djs les sustituyeron, Daft Punk lo intentaron en el Summercase y Justice se licenciaron con nota en el FIB del año pasado. Simian Mobile Disco estaban llamados a desempeñar ese papel pero para mi no terminaron de funcionar con una apuesta durísima.
El festival terminó para mí con Black Lips, rock y punk con mucha garra de lo más clásico. En vivo suenan más a los Clash que a una banda garagera, pero son capaces, incluso tocando a altas horas de la madrugada y de que se les notaba que habían pasado mucho tiempo en las barras del festival, de mantener viva la llama del público después de tres días intensos de conciertos. Tres días que disfruté muchísimo, con tal cantidad de múltiples e interesantes propuestas musicales.

