El 24 de agosto ya me fui de Barcelona, y de camino a casa paré en Peñiscola a comer.
Peñiscola es una localidad costera en la provincia de Castellón, que se sitúa en una península rocosa, en origen unida a tierra solamente por un istmo de arena, que hacía fácil su defensa y, que en tiempos antiguos, una semana al año se inundaba y el istmo quedaba sepultado bajo el agua del mar. Actualmente, debido a la construcción del puerto y de los edificios en el istmo, este curioso hecho ha desaparecido.



Sobre la peña se levanta su casco viejo, del que sobresale el castillo del Papa Luna, dividiendo la costa de Peñíscola en dos mitades absolutamente diferentes. Se trata de un recinto amurallado, murallas que Felipe II encargó al arquitecto militar italiano Giovanni Battista Antonelli, que fue quien las diseñó, siendo construidas entre 1576 y 1578.



A caballo entre los siglos XIV y XV, el Cisma de Occidente marcaría la historia de la Iglesia con la presencia simultánea de dos Papas. Uno de ellos fue Pedro Martínez de Luna, más conocido como el Papa Luna. Sustituyó a Clemente VII como Papa de Aviñón con el nombre de Benedicto XIII, al tiempo que otro Papa se instalaba en Roma con la obediencia de ingleses, alemanes e italianos. Desautorizado, el Papa Luna se autoexilió a Peñíscola donde entraba el 21 de julio de 1411 asentando allí la sede pontificia y convirtiendo su castillo en palacio y biblioteca pontificia.



Benedicto XIII nació en Illueca, un pueblo de Zaragoza dentro del reino de Aragón, era miembro de la familia Luna, una de las principales familias aragonesas, emparentada con arzobispos y reyes. Fue dedicado a la iglesia, como era tradición con los segundones de la casa de Luna. Fue nombrado cardenal por el papa Gregorio XI en los turbulentos años de la sede de Aviñón. Tras su muerte se eligió a Clemente VII, y don Pedro de Luna fue legado de este pontífice durante 16 años. A la muerte de Clemente VII (1394), don Pedro fue elegido pontífice por 20 votos de los 21 y tomó el nombre de Benedicto XIII.



Francia se opuso a este papa que no era tan influenciable y que además era súbdito de la Corona de Aragón. Se le presionó para que renunciara, a lo que se negó alegando un daño irreparable a la iglesia. Curiosamente, esta actitud suya sería la que la historia recordaría, surgiendo el dicho popular castellano de "Siguió en sus trece". Finalmente, las tesis conciliaristas triunfaron y fue depuesto en el concilio de Constanza dejando a Martín V como pontífice único en Roma. Don Pedro Martínez de Luna murió el 23 de mayo de 1423, a los 96 años, siendo nombrado su sucesor, Clemente VIII, el también aragonés Gil Sánchez Muñoz, segundo Papa de Peñíscola, gobernando entre 1424 y 1429. Su renuncia al cargo acabó con el Cisma de Occidente.
Tras el periodo pontificio Peñíscola regresa a la jurisdicción real, siendo una de las villas de realengo del Reino de Valencia.



El Templo Parroquial de Santa María de Peñíscola, anteriormente nombrada de la Virgen del Socorro, tiene tracería gótica del siglo XV en parte de ella y elementos arquitectónicos (ménsulas esculturadas) y puerta de tradición románica. En ella fue nombrado obispo Alonso de Borja o Borgia, que posteriormente sería elegido papa con el nombre de Calixto III.

