Quedamos en la plaza 2 de mayo, y mientras esperaba estuve viendo un mercadillo que montan allí los sabados por la mañana.



Después de un vermout y unas cañas fuimos al restaurante Palermo Viejo. La comida estaba muy rica, el vino delicioso y que decir del tiramisú que no se haya dicho ya. Aquí pongo unas fotos para que lo comprobeis vosotros mismos.



Celestina acudió a los postres, y luego fuimos a tomarnos un café que se prolongó tambien en una copa. Es que no hay nada mejor que pasar el día en buena compañia.






















