Cuando llegamos allí dimos un paseo por la orilla del río Lozoya, hasta llegar a un remanso muy tranquilo, que en verano será ideal para darse un baño. Impresionante lo cristalina que estaba el agua.
De ahí nos fuimos a comer al pueblo. Milhojas con salsa de cabrales, tartaleta de setas y corderito al horno. Después, nada mejor que dar un paseo por el pueblo.
Luego fuimos al monasterio de El Paular, que está a la salida del pueblo. Y justo frente a él, el puente del perdón, que fue erigido en 1302, pero el que se encuentra actualmente es de mediados del siglo XVIII.
Las autoridades locales tenían por costumbre efectuar los juicios junto al puente. Los reos apelaban su sentencia ante el tribunal en el mismo puente y, si eran perdonados, volvían sanos y salvos.
Cruzamos a el Real Monasterio de Santa María de El Paular, que fue durante 450 años un monasterio cartujo, desde su fundación en 1390, y actualmente, desde 1954, es una abadía benedictina.
Los monjes siguen ocupando una parte del monasterio, pero el palacio se reconvirtió en un hotel regentado por la cadena norteamericana Sheraton. En el patio del hotel nos tomamos un café con unos dulces.