Nada mas llegar fuimos a hacer la visita obligada al MUSAC, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, que es tan hermoso por fuera como interesante por dentro. El edificio es obra del estudio madrileño Mansilla y Tuñón Arquitectos, que recibió el año 2007 el Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea.
Allí vimos la exposición Trying to Remember What We Once Wanted to Forget (Intentando recordar aquello que una vez quisimos olvidar), de los artistas Elmgreen & Dragset, donde se centran en los cuestionamientos más íntimos y sentimentales del ser humano, como la incomunicación, la soledad, el aislamiento, el día después, los miedos y temores en la construcción de identidades, o los anhelos y deseos no logrados o alcanzados.
Hace un tiempo tuve que ir varias veces por trabajo a León, y así pude disfrutar de sus interesantes edificios, como la "Casa de Botines", que se debe a la iniciativa de unos prósperos comerciantes de tejidos de León relacionados con los industriales textiles catalanes, uno de los cuales, Carlos Güell, recomendó a Gaudí para la construcción de su nueva sede.
Pasamos por la Plaza Mayor, que fue construida en dos fases, la primera hasta 1672 con traza del padre Antonio Ambrosio, y la segunda hasta 1677, según planos de Francisco del Piñal. El recinto de perímetro ligeramente trapezoidal fue la solución urbanística adoptada después de un incendio que arrasó varias manzanas del caserío de la ciudad antigua.
Y ya se hizo la hora de comer, así que nos quedamos recorriendo los bares del Barrio Humedo, situado en el casco antiguo, y repleto de mesones, tabernas y típicos restaurantes de antiguo sabor medieval, y donde pudimos disfrutar de la morcilla, la cecina, el queso y por supuesto de un excelente vino. Para terminar tomando un café en un intimo local de la Calle Ancha.